El lenguaje de las emociones

Algo que nos puede ayudar mucho en el día a día es reconocer y regular las emociones. La idea es no dejar que las emociones controlen nuestro comportamiento.

La historia de los organismos vivos se inició hace 4 mil millones de años.

En la rama de la historia de la vida que condujo a los seres humanos, se dieron varias fases evolutivas.

Una primera fase marcada por el hecho de SER. El primer nivel resultaría de los procesos químicos guiados por una capacidad oculta pero bien ajustada a los dictados de la homeostasis, de manera que la mayoría de los parámetros del proceso de la vida puedan mantenerse a niveles compatibles con la supervivencia.

Una segunda dominada por la capacidad de SENTIR. El segundo nivel sería poseer sistemas de órganos diferenciados más o menos complejos, entre los cuales destaca el sistema nervioso, coordinador natural de los procesos vitales internos y de las relaciones con el entorno. Las emociones figuran entre los primeros ejemplos de fenómenos mentales, y es difícil exagerar la importancia de su desarrollo en las especies multicelulares dotadas de neuronas. Las emociones son las experiencias mentales primordiales.

Las emociones probablemente comenzaron su historia evolutiva como una tímida conversación entre la química de la vida y la primitiva versión de un sistema nervioso dentro de un organismo.

SENTIR Y PERCIBIR

Para sentar la base de la regulación emocional tenemos que conocer las diferencias entre sensaciones y percepciones. La información del mundo que nos rodea nos llega a través del sistema nervioso. Los estímulos activan a los receptores sensitivos y los nervios periféricos envían la información al sistema nervioso central donde la información se procesa.

Por un lado tenemos las sensaciones que son cuando el estímulo viaja desde los receptores hasta la médula y el tronco encefálico, por ello no existe conciencia de estas. Las sensaciones surgieron evolutivamente mucho antes que las percepciones.

Y luego estarían las percepciones donde el estímulo llega hasta la corteza cerebral, haciéndose conscientes.

Por ejemplo, los impulsos nerviosos que transmiten la información sobre la presión arterial se propagan hacia el centro cardiovascular del bulbo raquídeo y no a la corteza cerebral, por ello no existe percepción consciente de la presión arterial.

ENTENDER LAS EMOCIONES

Las emociones son agradables o desagradables, pero NO son ni buenas ni malas. Son casi automáticas y no se pueden no tener. Duran una media de 60 segundos, con lo que son de muy corta duración.

Son un proceso continuo y multidimensional. Sus componentes son conductuales (lo que hago), fisiológico y somático (lo que siento), subjetivo (lo que interpreto o soy consciente) y comunicativo (lo que expréso).

¿QUE LAS GENERAN? Se producen por la percepción, por los órganos sensoriales o por eventos internos o externos.

¿PARA QUE EXISTEN LAS EMOCIONES? Para favorecer la supervivencia, para procesar la información, para proporcionar un sistema de reacción y de proacción.

Todas las emociones tienen un sentido, no están para fastidiarnos. Por ejemplo la tristeza nos ayuda a mirar hacia adentro y también nos ayudar a fomentar el pedir ayuda, es un mecanismo de defensa.

Las emociones son diferentes a los sentimientos, que duran más tiempo y tienen un recorrido completo hasta el cortex del encéfalo.

CLASIFICACIÓN DE LAS EMOCIONES

La clasificación general de las emociones es dividirlas en primarias y secundarias. Lo cierto es que todavía no hay un consenso sobre cuantas emociones hay y como se clasifican. Por ello toda clasificación debe supeditarse a la experiencia personal de cada uno. Pero os contamos a nivel general lo que la ciencia dice de cuantas emociones hay y como se clasifican.

EMOCIONES PRIMARIAS

Las emociones básicas nos sirven para defendernos o alejarnos de estímulos nocivos (enemigos, peligros…) o aproximarnos a estímulos placenteros o recompensas (agua, comida, actividad sexual, juego…) y tienen como función mantener la supervivencia, tanto personal como de la especie.

Las emociones básicas o primarias tienen una reconocible función adaptativa que implica la inclinación hacia una determinada conducta, es decir, existe una función motivacional de las emociones:

  • El miedo nos prepara para la huida, la evitación, el afrontamiento o la protección ante el peligro
  • La tristeza tiende a la reintegración personal, la introspección y la reconciliación
  • La ira nos dota de recursos para la autodefensa o el ataque
  • La alegría tiende a la acción, la afiliación, al pensamiento flexible y divergente
  • La sorpresa a pararse y focalizar la atención en lo imprevisto
  • El asco aversión tiende al rechazo o evitación de lo que nos pueda perjudicar
  • La culpa tiende a reparar
  • La admiración a imitar
  • La curiosidad tiende a la exploración
  • La seguridad al control

EMOCIONES SECUNDARIAS

Cuando las emociones básicas se combinan para producir otras emociones más complejas, se producen las denominadas emociones secundarias, complejas o derivadas, pues se derivan de las primarias.

En muchas emociones secundarias encontramos funciones adaptativas reconocibles:

  • La ansiedad (anticipación del miedo) motiva a prepararse para el peligro
  • La hostilidad a inhibir conductas indeseables de otras personas, a evitar una situación de enfrentamiento o inclina hacia la agresividad
  • El humor y su expresión general, la risa, lleva a una actitud de afiliación, de propagación de un estado de ánimo positivo en el grupo
  • El amor lleva al cuidado y protección de la persona amada…

DARNOS CUENTA (IDENTIFICACIÓN EMOCIONAL)

Hasta ahora hemos hablado de teoría, ahora empieza lo importante, la práctica.

En Mindfulness nos hacemos expertos en percibir, poner la atención en los estímulos, observando sin juzgar las percepciones sonoras, auditivas, olfativas, propioceptivas, de temperatura, etc.

Si nos entrenamos con Mindfulness o Técnicas de Relajación podemos refinar nuestra capacidad de percibir y con el tiempo somos capaces de percibir más elementos y procesos más sutiles.

Los pequeños ajustes de la postura de meditación, los latidos del corazón y su ralentizamiento, la cantidad de músculos implicados en la respiración, la producción de saliva en la boca, los sonidos internos de víscera e intestinos, la ralentización del proceso respiratorio, etc.

Para identificar emociones debemos trabajar primeramente la presencia en las percepciones corporales y como de sensibles somos respecto de los estímulos tanto externos como internos.

Con el tiempo y el entrenamiento seremos capaces de identificar los disparadores emocionales, que estímulos producen una determinada emoción, que nos alegra, que nos entristece, hasta convertir este estado de escucha en un hábito.

El estado de observación o atención sobre las percepciones me va a llevar hacia la identificación emocional.

Ejemplos de disparadores emocionales:

  • Una frase que nos dice nuestra pareja, nuestro jefe en el trabajo, nuestra madre o padre, etc.
  • Una situación concreta, por ejemplo un atasco de tráfico.
  • Puede ser que alguien deje de hacer algo que creíamos iba a hacer.

Nuestro propósito es abrirnos a reconocer, a aprender a mirar el cuerpo, la postura, la entonación, la mirada, los gestos y ver la coherencia, comodidad con lo verbal. Lo no coherente no implica falsedad, engaño o despiste, a veces es tan solo nerviosismo, agobio, estrés o saturación.

En el encuentro con el otro, especialmente si van a aparecer las emociones, a veces lo hacen, hay que aprender a observar. Los numerosos estudios y los profesionales nos dicen que para ello hay que observar varios canales, inferir personalidad y aprender a negociar o influenciar o persuadir. Toda una vida.

Conocer mínimamente los canales y tipos de comunicación, aunque sea solo para empatizar mejor con el que sufre y no parecer precisamente lo contrario, aunque sea para agradecer visiblemente al que nos ayuda, o devolver recíprocamente la entrega y confianza que el otro nos da.

TRANSITAR POR LAS EMOCIONES SIN QUE NOS CONTROLEN (REGULACIÓN EMOCIONAL)

CULTIVO EMOCIONAL

AFECTO

El afecto físico como los abrazos y las sonrisas liberan oxitocina, la hormona del amor.

El afecto como los abrazos, tomarse de la mano, y sonreír puede ayudar.

El contacto humano es esencial para el desarrollo del cerebro y el crecimiento físico.

La oxitocina puede estimular el crecimiento, reforzar el sistema inmune y hasta ayudar a que se cicatricen las heridas más rápidamente.

La oxitocina puede reducir estrés, liberar ansiedad y reducir la presión arterial.

El afecto hace que las personas se sientan amadas, les ayuda a ser más resistentes y fuertes.

El afecto ayuda a construir confianza y ayuda al vínculo.

Cuanto más afecto recibamos, mayor será nuestra seguridad.

 

ESCUCHA ACTIVA

La escucha amable y activa es clave para el bienestar y el desarrollo del cerebro.

La escucha activa mejora las relaciones y fomenta la confianza.

Las personas que reciben atención, especialmente a temprana edad, crecen siendo más seguros de sí mismos, tienen menos ansiedad, tienden a ser más saludables y mejores en sus relaciones.

Cuando se ignora o malentiende la emoción de una persona, éste puede desarrollar un estado de estrés que activa el miedo, lo cual puede ser tóxico para su salud motora y psicológica.

La escucha activa significa escuchar de verdad en lugar de hablar y dar la opinión de uno mismo.

 

APRENDER A RELATIVIZAR

Relativizar implica la habilidad de considerar las circunstancias desde múltiples perspectivas y reconocer que la importancia de un evento o problema puede variar según el contexto. Las situaciones no son tan graves ni insuperables si a la hora de abordarlas recuerdas los siguientes ejercicios para cultivar la paciencia:

Toma conciencia de la exageración de los pensamientos.

Cuestiona tus pensamientos fatalistas: ¿Existen pruebas sólidas que los respalden o simplemente son producto de la rumiación?

Reflexiona sobre si este evento tendrá alguna trascendencia a medio o largo plazo.

Trata de encontrar algún factor positivo.

Evita compararte con los demás. Recuerda que cada persona tiene su propia historia y desafíos.

Comparte lo ocurrido con quienes te aprecian.

Reflexiona acerca de lo que puedes aprender de la experiencia.

 

MÁRCATE OBJETIVOS REALISTAS

Cuando tienes una imagen clara de lo que quieres conseguir y lo divides en tareas más pequeñas y alcanzables, podrás mantenerte concentrado fácilmente, ya que cada avance se ve recompensado por una sensación de satisfacción.

Este el primer paso para evitar sentirte abrumado, permitirte cultivar la paciencia y mantener una actitud orientada al crecimiento. Dividir las grandes tareas aumenta las posibilidades de éxito y proporciona una hoja de ruta clara para el progreso.

Tener expectativas razonables y comprender las limitaciones personales es clave para evitar el agotamiento. Además, no es necesario que la meta final sea muy ambiciosa, sino lo suficientemente satisfactoria para ti.

 

DESARROLLA LA AUTORREGULACIÓN EMOCIONAL

¿Cómo definir este concepto? Es la cualidad para comprender y supervisar tus sentimientos de forma constructiva. Requiere de autoconciencia y disposición a aceptar la responsabilidad de tus reacciones emocionales.

Saber controlar estas respuestas te ayudará a esquivar las respuestas impulsivas y a tomar decisiones conscientes bajo presión. A continuación, te muestro tres técnicas para comenzar a tomar este camino:

Reestructuración cognitiva: Identifica y cuestiona patrones de pensamiento distorsionados que puedan estar exacerbando tus emociones. El objetivo es intentar sustituirlos por razonamientos más realistas.

Establecimiento de límites: Aprende a decir «no» cuando sea necesario en tus relaciones y compromisos. Esta técnica es esencial para evitar el agotamiento emocional, en el cual se agolpan múltiples emociones difíciles de identificar.

Cultivar la paciencia es la habilidad de mantenerte tranquilo frente a la decepción, la angustia o el sufrimiento. Esta virtud se relaciona con una serie de beneficios positivos para la salud, tales como la disminución de la depresión y otras emociones negativas. Algunos investigadores han llegado a la conclusión de que las personas pacientes ostentan conductas más prosociales, como la empatía, y son más propensas a la generosidad y la compasión.

Un estudio publicado en 2012 en la revista Journal of Positive Psychology identificó tres formas distintas de expresar la paciencia:

  1. la interpersonal, que es cuando conservas la calma al enfrentarte a alguien que está molesto, enojado o es insufrible.
  2. Ante las adversidades de la vida, es decir, cuando ves el lado positivo de las cosas después de un gran contratiempo.
  3. Ante las dificultades diarias, que se refiere a reprimir el enfado al lidiar con demoras o cualquier cosa irritante que pueda inspirar un tuit sarcástico.

La buena noticia es que ese mismo estudio descubrió que la paciencia es un rasgo de la personalidad que se puede modificar. Incluso si hoy no eres una persona particularmente paciente, aún hay esperanza de que puedas ser más paciente el día de mañana. Así que si sientes que te desesperas más de lo que quisieras, acá compartimos algunas recomendaciones para controlar esos impulsos malhumorados.

 

IDENTIFICA LO QUE TE HACE PERDER LA PACIENCIA

La impaciencia es el factor que desencadena la “lucha”.

La amígdala cerebral es la culpable. Este complejo de tejido nervioso con forma de almendra en nuestro cerebro es el responsable de captar las amenazas y regular nuestras emociones. A pesar de que este componente del sistema límbico está diseñado para proteger a nuestros ancestros de depredadores feroces, no es tan hábil para determinar amenazas creíbles en la vida moderna.

Como resultado, muchos reaccionan a situaciones fastidiosas como si fueran experiencias mucho más extremas de lo que son en realidad. La amígdala es demasiado básica como para saber la diferencia entre el verdadero peligro (digamos, el gruñido de un tigre) y algo mucho menos fatal (lidiar con una persona odiosa).

Averigua cuáles son las situaciones que te molestan —conductores descuidados, fallos tecnológicos, cajeros que son muy lentos, etcétera— y estarás un paso más cerca de tomar el control.

 

INTERRUMPE EL CICLO Y EVALÚA EL RIESGO

El siguiente paso es reflexionar sobre cuál pensamiento o sospecha activa las señales de alarma en tu cerebro. “Hay algo que te estás diciendo a ti mismo, una percepción que tienes, una sensación en tu cuerpo que detona esa reacción, como si estuvieras en peligro”.

Una vez que descubres tu discurso acerca de la situación —“Qué agobio tener que esperar en esta fila”, por ejemplo—, puedes atender tu inquietud interna, interrumpir ese ciclo de respuesta al estrés y salir del modo de lucha o huida. Por ejemplo, si te desquicia esperar en una fila kilométrica, un mantra adecuado podría ser: “No tengo prisa en este momento”. Para quienes se enfurecen cuando tienen que dar muchas vueltas para encontrar un espacio de estacionamiento podría funcionarles un mantra como: “Pronto voy a encontrar un lugar”.

La idea es tomar distancia de la situación y tratar de verla tan objetivamente como sea posible. ¿Acaso no es un contratiempo esperar en esta larga fila? Claro, pero debes ser realista y práctico: pronto pasará y lo más probable es que después olvides que alguna vez sucedió.

Lo siguiente es que te tomes un momento para considerar el peor de los casos. ¿Cuál es la consecuencia real de esperar en la fila del banco otros diez minutos o de reiniciar un aparato que falla? ¿Alguno de sus efectos constituye una amenaza de vida o muerte? “Casi siempre, siempre, siempre, la respuesta es no”.

 

REPLANTEA LA EXPERIENCIA Y RELACIONALA CON ALGO MÁS AMPLIO

Una técnica poderosa llamada revaloración cognitiva, que se refiere a pensar sobre una situación de manera diferente.

Veamos, por ejemplo, a alguien exasperado por un colega criticón. En vez de concentrarse en su disgusto, podría pensar en aquellas veces en las que ha sido él quien ha frustrado a otros. “Muéstrate agradecido con ellos”, o piensa: “¿Sabes qué? Esto me está ayudando a crecer como persona”. Otra estrategia que ella recomienda es enfocarte en por qué y cómo la paciencia es un aspecto fundamental en tus valores.

“Por ejemplo”, “si estuviera hablando con un padre que tiene problemas con su hijo, le diría: ‘Bueno, primero consideremos la perspectiva más general. ¿Por qué es importante ser padre para usted? ¿Qué significa ese papel en su vida?’”.

Reflexionar sobre cómo la paciencia se relaciona con tu sentido más amplio de integridad y estabilidad “hará que sea mucho más fácil practicar la paciencia en el día a día y fortalecer esas habilidades”.

 

ENTRÉNATE, NO SOLO LO INTENTES

El error más común que cometen las personas es pensar que la voluntad por sí sola las convertirá en seres más pacientes. Si piensas eso, advierte, te estás preparando para el fracaso. Así como los corredores de maratón no participan en un maratón en su primer día de entrenamiento, la gente que desea cultivar la paciencia en serio no debería esperar obtener resultados de inmediato. “Debes entrenarte para ser paciente, no solo intentarlo”. “Es importante hacerlo de manera habitual”.

Practicar la paciencia en situaciones menos intensas, o incluso absurdas, cuando el riesgo no es tan alto. Reevalúa la situación la próxima vez que te sientas irritable.

“Es como cualquier otra habilidad”. “Si lo haces a diario y también lo vinculas con un panorama más amplio de por qué es importante, puede crecer y desarrollarse”.

 

CONSIDERA HACER CAMBIOS EN TU ESTILO DE VIDA

Ahora que conoces lo que te molesta y trabajas para evitar caer en el modo de lucha o huida, incorpora algunas medidas para reducir el estrés. Si lo que detona tu impaciencia es tener que matar el tiempo en las salas de espera, asigna un juego en tu teléfono para recurrir a él cuando estés en ese momento. Si detestas esperar en el tráfico, intenta salir más temprano para llegar a tus citas. Si aborreces los supermercados atestados, haz tus compras en horarios menos concurridos.

Reducir el consumo de cafeína, ya que puede exacerbar el estrés en la gente. Asimismo, practicar la meditación, yoga o chi kung puede ser útil porque “entonces nuestros sistemas tienen la oportunidad de rechazar la respuesta al estrés y, por lo tanto, será menos probable que todo te fastidie”.

 

SÉ REALISTA

Ser más sensato respecto a establecer metas realizables.

 “A veces nos saturamos o no le dedicamos el tiempo suficiente a las cosas”. “Debes ser razonable al momento de ponerte objetivos porque hay un límite para la cantidad de cosas que puedes hacer en un periodo determinado o en un día”.

Si tu lista de cosas por hacer tiene diez pendientes, pero solo puedes cumplir cinco, entonces te estás saboteando a ti mismo. Cualquier inconveniente tiene el potencial de desequilibrarte cuando tu día está planificado minuto a minuto.

“No puedo avanzar en el tiempo y no puedo hacer que la gente se mueva más rápido”.

“No puedo manipular las cosas; solo me puedo manipular a mí mismo”.

 

ELOGIO

Elogiar el comportamiento de los demás nos hará sentir mejor.

Elogiar de la manera correcta puede mejorar la autoestima, incrementar la motivación y mejorar la perseverancia. El elogio frecuente y bien medido mejora el comportamiento.

Los estudios neurológicos demuestran que un estilo de disciplina positiva usando elogios mejora el desarrollo cognitivo y psicológico.

El elogio más efectivo es el específico, directo y enfocado en el esfuerzo, no en una habilidad o apariencia.

 

UN PASO MÁS ALLÁ: LA COMPASIÓN

¿Qué es la Compasión?

La compasión es un sentimiento que se manifiesta desde el contacto y la comprensión del sufrimiento de otro ser. Más intensa que la empatía, la compasión es la percepción y la compenetración en el sufrimiento del otro, y el deseo y la acción de aliviar, reducir o eliminar por completo tal situación dolorosa.

Se trata de un sentimiento que se produce al ver padecer a alguien y que impulsa a aliviar su dolor o sufrimiento, a remediarlo o a evitarlo.

La compasión permite la bondad y es crucial para mantener y construir relaciones sociales y desarrollar conciencia social. Aunque la compasión está estrechamente relacionada con la empatía (sentir por otro), la compasión es el deseo de actuar para evitar el sufrimiento de otras personas cuando se enfrentan a él.

Importancia de la Compasión

  • La compasión promueve el comportamiento cariñoso, es fundamental para crear vínculos sociales y mejora las relaciones entre hijas/hijos y madres/padres. Las personas con relaciones sanas y compasivas viven más tiempo, están más sanas y son menos propensas a tener comportamientos de riesgo, incluido el consumo de sustancias.
  • La compasión está vinculada a un mayor nivel de autoestima, bienestar y felicidad. Mejora la resistencia al estrés, fortalece el sistema inmunológico y puede conducir a prolongar la vida. También está relacionada con un mayor aprendizaje y un mejor rendimiento académico.
  • La compasión es «el pegamento que mantiene unido al mundo.» Contribuye a que las personas ayuden a los más necesitados y al desarrollo de la humanidad.
  • Un comportamiento compasivo como el trabajo voluntario beneficia tanto al que da como al que recibe. Las investigaciones sugieren que el acto de dar puede ser incluso más gratificante que el de recibir.

¿Sabías qué? La compasión por los demás comienza con la capacidad de entenderse y aceptarse a uno mismo para evitar la autocrítica y tratarnos más amablemente.

¿Crees que los humanos nacen egoístas?

Los humanos son egoístas. La avaricia es buena. el altruismo es una ilusión. La cooperación es para los tontos. La competencia es natural; la guerra, inevitable. El mal es más fuerte que el bien en la naturaleza humana. Por milenios, hemos considerado las emociones como el origen de la irracionalidad, de la bajeza y el pecado. La idea de los siete pecados capitales da por sentado que nuestras pasiones son destructivas. Platón comparaba el alma humana con un carruaje: el intelecto es el conductor y las emociones son los caballos. La vida es una continua lucha para mantener las emociones bajo control. Incluso la compasión, la preocupación que sentimos por el bienestar de otro ser humano, ha sido tratada con completa burla. Kant la vio como un sentimiento débil y equivocado. Dijo: “tal benevolencia se llama corazón blando y no debería ocurrir en absoluto entre los seres humanos”.

Hay muchas preguntas acerca de si la verdadera compasión existe de verdad o de si es inherentemente motivada por el propio interés. Estudios recientes de la compasión argumentan persuasivamente en favor de una perspectiva diferente en la naturaleza humana, una que rechaza la preeminencia del interés personal.

Estos estudios apoyan un punto de vista racional, funcional y adaptativo de las emociones. Esta investigación sugiere que la compasión y la benevolencia son una parte evolucionada de la naturaleza humana, enraizada en nuestro cerebro y biología, y lista para ser cultivada para el bien común.

Las bases biológicas de la compasión

Consideremos las bases biológicas de la compasión. Si tal base existe, deberíamos estar programados, por así decirlo, para responder a los necesitados. La evidencia reciente respalda este punto de forma convincente. El psicólogo Jack Nitschke descubrió que cuando las madres miraban fotografías de sus bebés, no solamente reportaban más amor compasivo que cuando miraban a otros bebés, sino que también mostraban una actividad única en la región de su cerebro asociada a las emociones positivas.

El descubrimiento de Nitschke sugiere que esa región del cerebro está en sintonía con el primer objeto de nuestra compasión, nuestra descendencia. Sin embargo, el instinto de la compasión no está limitado solamente a los cerebros de los padres. En un grupo diferente de estudios, encontraron que cuando los sujetos contemplaban el daño infligido a otros, una red similar de regiones en el cerebro se activaba. Nuestros hijos y las víctimas de la violencia, dos grupos muy diferentes, y, sin embargo, unidos por las reacciones neuronales similares que provocan.

Esta consistencia sugiere fuertemente que la compasión no es solamente una emoción veleidosa e irracional, sino más bien una respuesta natural humana innata incrustada entre los pliegues de nuestro cerebro.

En otra investigación, los neurocientíficos, dieron a los participantes la oportunidad de ayudar a alguien. Al mismo tiempo, se registraba su actividad cerebral. Ayudar a otros disparaba la actividad en el núcleo caudado y el cingulado anterior, las regiones del cerebro que se encienden cuando la gente recibe recompensas o experimenta placer. Este es un descubrimiento bastante notable: ayudar a otros da el mismo placer que obtenemos de la gratificación del deseo personal. El cerebro entonces, parece estar programado para responder al sufrimiento de otros. Ciertamente nos hace sentir bien cuando podemos aliviarlo. Sin embargo, ¿hay otras partes del cuerpo que también sugieran una base biológica para la compasión? Pareciera ser que sí.  Consideremos el conjunto de glándulas, órganos, y sistemas cardiovascular y respiratorio conocido como el sistema nervioso autónomo (SNA). El SNA juega un papel principal en regular el torrente sanguíneo y los patrones de respiración para diferentes tipos de acción. Por ejemplo, cuando nos sentimos amenazados, nuestro índice cardíaco y respiratorio aumenta, preparándonos para la confrontación o la huida de la amenaza, la respuesta conocida como “lucha o huida”. ¿Cuál es el perfil del SNA en la compasión? Cuando los niños pequeños y los adultos sienten compasión por otros, la emoción es reflejada en cambios fisiológicos palpables. El índice cardíaco baja de los niveles de referencia, lo que prepara no para pelear o huir, sino para la aproximación y la calma.

La compasión, es un aspecto evolutivo de la naturaleza humana, algo que somos universalmente capaces de expresar y entender.

Motivando el altruismo

Sentir compasión es una cosa, actuar a partir de ella es otra. Todavía debemos preguntarnos si la compasión promueve el comportamiento altruista. Cuando tomamos la perspectiva de otros, sentimos un estado empático de preocupación y estamos motivados a satisfacer las necesidades de la otra persona y a mejorar su bienestar, algunas veces incluso a nuestras expensas.

La compasión está fuertemente enraizada en la naturaleza humana. Tiene bases biológicas en el cerebro y en el cuerpo.

Los humanos pueden comunicar la compasión a través de los gestos faciales y el tacto. Estas muestras de compasión pueden servir a funciones sociales vitales, sugiriendo fuertemente una base evolutiva de la compasión.

Cuando se experimenta, la compasión supera las motivaciones egoístas y motiva el comportamiento altruista.

Otros estudios indican que las estructuras del cerebro involucradas en emociones positivas como la compasión son más plásticas, es decir, sujetas a cambios a través de estímulos del medioambiente. Así que tal vez podemos pensar en la compasión como una habilidad de base biológica, pero no una habilidad que simplemente tenemos o no tenemos.

Se ha asumido durante mucho tiempo que el egoísmo, la avaricia y la competitividad yacen en el corazón del comportamiento humano, que son los productos de nuestra evolución. Los recientes descubrimientos científicos desafían este punto de vista de la naturaleza humana. Vemos que la compasión está fuertemente enraizada en nuestro cerebro, nuestro cuerpo y en las maneras más básicas en que nos comunicamos.  Es más, el sentido de la compasión fomenta el comportamiento compasivo y da forma a las lecciones que enseñamos a nuestros hijos. Por supuesto, simplemente darse cuenta no es suficiente. También debemos generar espacios para que nuestros impulsos compasivos florezcan.

¿QUÉ IMPLICA?

A veces lo vamos a ver escrito como:

Metta (Es uno de los diez paramitas del budismo theravada y el primero de los cuatro Brahmavihāras)

Karuna.

Metta: Traducido como bondad amorosa. Amor con desprendimiento.

El proceso de Metta es el siguiente:

    1. Hacia uno mismo.
    2. Hacia seres conocidos.
    3. Hacia todos.
    4. Hacia todo.

¿CON QUÉ SE CONFUNDE?

  1. No tiene nada que ver con el Pensamiento Positivo. Añadimos a la realidad algo que no tiene, por lo que está basado en la escasez. Tiene un aspecto bonito, pero esconde una tiranía y la gran trampa del tiempo.
  2. Se confunde con Egoísmo. Ser amables con nosotros mismos para ser amables con los demás.
  3. Autocomplacencia fácil. Parecido al sentido religioso del perdón que no toma responsabilidad. Es una disciplina que se entrena mediante la práctica.
  4. No es la Meta final. Elegimos el sentido. Nos entregamos a la vida con sus cosas buenas y sus cosas malas. Sentido más amble.
  5. No es un simple Mantra. Tiene que ser un hábito, pero un hábito inteligente, con presencia.
  6. No es una Debilidad. No es pedir ayuda.

¿CÓMO SE DESARROLLA?

De la atención enfocada… a la bondad amorosa.

De la bondad amorosa… a la atención enfocada.

Entrenamiento de un estado:

    1. Estoy tranquilo…
    2. Estoy tranquilo y atento…
    3. Soy…

Este es un momento de sufrimiento. Es parte de la vida. Que yo sea amable conmigo mismo.

No comprendo por qué sucede. Que más allá de mi comprensión encuentre paz. Qué todo el mundo encuentre paz.

No me gusta lo que he hecho. Me duele. Que yo me acepte tal como soy. Que pueda aprender siempre.

En el cuerpo: respirarse, soltarse…

En la mente: atención enfocada, dejar ir…

En las emociones: ser mi mejor amigo…

En lo social: tus triunfos son mis alegrías, comunidad…

En los valores: puesta en práctica consciente…

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